martes, 30 de julio de 2013

T.S. Eliot: "La Ley de Dios por encima de la ley del hombre"

Thomas Stearns Eliot (1888–1965) fue un escritor, dramaturgo, poeta y crítico social que ganó el Premio Nobel de Literatura en en 1948 "por su destacada contribución pionera a la poesía de hoy en día." Su prestigio es tan evidente que ha sido nombrado por la revista Time como "el poeta del siglo XX." [1]

A lo largo de su carrera, T. S. Eliot publicó no solo trabajos poéticos y prosas, sino también cerca de siete guiones teatrales y 21 estudios sociales, no-ficticios.

Siendo egresado de la Universidad de Harvard en la carrera de Filosofía (1910)Eliot atrajo una amplia atención con su poema "La canción de amor de J. Alfred Prufrock "(1915), considerada como una obra maestra del movimiento modernista literario. En el poema, Eliot hace varias referencias a la Biblia, y menciona obras literarias de William Shakespeare, entre otros.

El 29 de Junio de 1927, T. S. Eliot, quien anteriormente se adhería al Unitarianismo, se convirtió al Cristianismo Trinitario, el cuál afirma la divinidad de Jesucristo.  

Ash Wednesday (1930) se postuló como el primer poema largo escrito por Eliot después de su conversión. El poema trataba la lucha que se produce cuando a alguien le faltaba la fe que se requiere y se ocupa de la aspiración de pasar de la esterilidad espiritual a la esperanza de la salvación humana.

Algunas de sus citas en contra de una sociedad escéptica se presentan a continuación:
"Debemos tratar al Cristianismo con mucho más respeto intelectual que de costumbre, debemos tratarlo como un asunto que es para el individuo una cuestión principalmente de pensamiento y no de sentimiento.  

Las consecuencias de tal actitud son demasiado serias para ser aceptables para todos: porque cuando la fe cristiana no sólo se siente, sino que se piensa, tiene resultados prácticos podrán incómodos [para muchos]" (Eliot 1988, The Idea of a Christian Society (1939), Capítulo I, página 6.)
En Cristianismo y Cultura (1948) T.S. Eliot dijo: 
"La tendencia de la industrialización ilimitada está para crear cuerpos de hombres y mujeres - de todas las clases - separados de la tradición, alienados de la religión, y susceptibles a la sugestión de masas: en otras palabras, una muchedumbre. Y una muchedumbre no será menos que una muchedumbre si está bien alimentada, bien vestida, con buena casa y bien disciplinada..” (Eliot 1988). 
Una sociedad ha dejado de ser cristiana cuando las prácticas religiosas han sido abandonadas, cuando el comportamiento deja de ser regulado en función de los principios cristianos, y cuando en efecto, la prosperidad en este mundo para el individuo o para el grupo se ha convertido en el único objetivo consciente.” (Eliot 1988, Cap. I, pp. 9-10).

En su poema ‘The Rock’ (1934) Eliot lamenta las repercusiones negativas de  la Segunda Revolución Industrial y la incredulidad de la gente en la sociedad: 

«Se cíerne el águila en la cumbre del cielo,
 El cazador y la jauría cumplen su círculo.
 ¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
 ¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
 ¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
 El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
 infinita invención, experimento infinito,
 Trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
 Conocimiento del habla, pero no del silencio;
 Conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra.
 Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,
 Toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
 Pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.
 ¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
 ¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
 ¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
 Los ciclos celestiales en veinte siglos
 Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.»

(Traducción de Borges; Eliot, citado en Poetry and Belief in the Work of T.S. Eliot by K. Smidt, 1961, p. 55; ver Michael Caputo, God - Seen through the Eyes of the Greatest Minds, 2000, 116).

En el mismo poema, Eliot expresaba así la razón del rechazo de los escépticos a formar parte de la iglesia cristiana:


"Este es un triste panorama del siglo XX:
'Aquí habían gente incrédula decente

Su único monumento de la carretera de asfalto

Y mil pelotas de golf perdidas. . .

"¿Por qué deberían los hombres amar a la Iglesia? 
¿Por qué deberían amar a sus leyes? 
Ella les dice de la Vida y de la Muerte, 
y de todo lo que olvidarían.
 Ella es suave donde ellos serían duros
 y duros donde a ellos les gusta ser suaves.
 Ella les dice del mal y del pecado, y otros hechos desagradables. 
Ellos tratan de escapar constantemente 
Desde la oscuridad de fuera y de adentro 
Al soñar sobre sistemas tan perfectos que nadie necesitará ser bueno. 
Pero el hombre que es, se oscurecerá
El hombre que pretende ser." [2]


(Eliot 1934, The Rock).


Thomas S. Eliot expresó su rechazo al secularismo en la literatura de la siguiente forma:
Nuestros tiempos están corrompidos,toda la literatura moderna es corrompida por el secularismo.” (Eliot, citado en Ozick 1989, 151).
Dos libros principales de Eliot estudiaron la relevancia del Cristianismo para la sociedad. Uno de ellos fue "Cristianismo & Cultura" (1939, 1948) y el otro "La Idea de una Sociedad Cristiana" (1939). 
No creo que la cultura de Europa pueda sobrevivir a la desaparición completa de la fe cristiana, y estoy convencido de eso, no solamente porque soy yo mismo soy cristiano, sino porque también soy estudiante de biología social. Si el cristianismo se va, toda nuestra cultura va.” (Eliot 1967, 200).
Eliot se mostró consciente de que la causa de Jesús era causa de división (Lucas 12:49-53)
 La división entre los que aceptan y los que niegan la revelación cristiana considero que es la división más profunda entre los seres humanos.” (Eliot, citado en Yancey 1999, 88).
T. S. Eliot también escribió un poesía en forma de protesta contra el fascismo emergente en Europa, y en lamentó a la pérdida de valores cristianos en su obra "Asesinato en la catedral". En esta Eliot honraba la causa de los mártires de la Iglesia Cristiana perseguidos durante las guerras:
"Los santos no se hacen por casualidad. Mucho menos el martirio cristiano es el efecto de la voluntad de un hombre de hacerse un santo, como un hombre dispuesto e ideando puede convertirse en un gobernante de los hombres. La ambición fortifica la voluntad del hombre para convertirse en gobernante de otros hombres: opera con engaño, halagos, y violencia, es la acción de la impureza sobre la impureza.  
No es así en el Cielo. Un mártir, un santo, siempre se hace por el diseño de Dios, por Su amor a los hombres, para advertirlos y para guiarlos, para que vuelvan a Sus caminos. Un martirio no es el diseño del hombre, porque el verdadero mártir es el que se ha convertido en el instrumento de Dios, que ha perdido su voluntad en la voluntad de Dios, no lo perdió, pero la encontró, porque ha encontrado la libertad en la sumisión a Dios. El mártir ya no desea nada para sí mismo, ni siquiera la gloria del martirio. Así que lo que en la tierra lamenta la Iglesia y se alegra a la vez, de un manera que el mundo no puede entender, también en el cielo los santos son exaltados, habiéndose humillado, viéndose a sí mismos no como nosotros los vemos, sino en la luz de la Trinidad, de quien fue extraídos sus ser. . .
La iglesia estará abierta, incluso a nuestros enemigos. No estamos aquí para triunfar combatiendo, por estratagema, o por resistencia. No para pelear con bestias como hombres. Hemos luchado contra la bestia, y hemos conquistado. Sólo tenemos que conquistar  Ahora, por el sufrimiento. Esta es la victoria más fácil. . . 

No es en el tiempo que mi muerte se conocerá; Es fuera del tiempo que tomo mi decisión, si la llamas decisión, a la que todo mi ser da su entero consentimiento. Yo doy mi vida para la Ley de Dios por encima de la ley del hombre. Aquellos que no hacen lo mismo, ¿Cómo sabrían lo que hago?...
Dondequiera que un santo ha morado, dondequiera que un mártir dio su sangre por la sangre de Cristo, hay tierra santa, y la santidad no se apartará de allí. Aunque los ejércitos pisotean allí, aunque los turistas vienen con guías turísticas mirando ahí; 

Desde donde los mares occidentales roen en la costa de Iona, hasta la muerte en el desierto, la oración en lugares olvidados por la columna rota imperial, Desde esos suelos brota aquello que siempre renueva la tierra A pesar de que siempre se negó." [3][4]
En otra ocasión, Thomas resumió su idea de la esta forma: 
La prueba más grande del cristianismo para otros no es hasta qué punto un hombre puede analizar lógicamente sus razones para creer, sino hasta qué punto en la práctica va a arriesgar su vida por esta creencia.” (Eliot, citado en Draper 1992, No. 599).
Otro fragmento del Asesinato de la Catedral, contiene estas preciosas palabras:


"Nosotros te alabamos, Oh Dios, por tu gloria manifestada
en todas las criaturas de la tierra,  
En la nieve, en la lluvia, en el viento, en la tormenta,  
en todas tus criaturas, tanto los cazadores y como los cazados,
Porque todas las cosas existen como se ven por ti,
Sólo como se conocen por ti, todas las cosas existen  
Sólo en tu luz, y tu gloria se declara
incluso en eso que te niega;
la oscuridad declara la gloria de la luz.  
Los que te niegan no podrían negarte, si tú no existieras;
y su negación nunca está completa,  
porque si fuera así, no existirían.  
Ellos te afirman al vivir, todas las cosas te reafirman al vivir;
el pájaro en el aire, tanto como el halcón y el pinzón; 
la bestia de la tierra, tanto como el lobo y el cordero.  
Por lo tanto nosotros, a quienes has hecho para ser conscientes de ti, 
debemos conscientemente alabarte,
en el pensamiento y en la palabra y en el hecho."


Richard Smalley: "Nuestro trabajo consiste en servir a Dios"

Richard Errett Smalley (1943-2005) fue un químico estadounidense, egresado de la Universidad de Princeton (1973).  Es famoso por haber descubierto el C60 y otras formas moleculares en 1985, junto a sus colegas James Heath, Sean O'Brien y Robert Curl  en la Universidad de Rice (Texas), donde fue profesor de 1981 hasta su muerte.

Fue galardonado con el Premio Nobel de la Química en 1996, por formar parte en el descubrimiento del buckminsterfullereno y su familia correspondiente de moléculas; (los fullerenos son la tercera forma elemental de carbono después del grafito y el diamante.)
El experimentó realizado para dar con el hallazgo consistió en tomar un trozo de grafito, e incidir sobre él un rayo láser, (dispositivo que había resultado del trabajo de Charles H. Townes en la década de los 50's).

Tras su muerte, se aprobó una resolución para honrar la memoria de Smalley y hoy en día sus méritos lo llevan a ser conocido como el "padre de la nanotecnología." [1]

En su discurso ante la 79ª Convocatoria Anual de Becas de la Universidad de Tuskegee, el bioquímico enfrentó a los errores del evolucionismo, mostrando preferencia por el creacionismo, diciendo:
“La carga de prueba recae en aquellos que no creen que ‘Genesis’ estaba en lo cierto, y que hubo una Creación, y que el Creador aun está involucrado.” (Smalley 2004, Tuskegee University’s 79th Annual Scholarship Convocation, 3 de octubre).
Los libros ‘Origins of Life’ (Orígenes de la vida) y ‘Who Was Adam?’ (¿Quién era Adán?), escritos por el astrofísico Dr. Hugh Ross y el bioquímico Dr. Fazale Rana causaron una gran influencia en Smalley, que lo llevaron a reflexionar y a cuestionar de forma definitiva las irracionalidades de la teoría darwinista, de forma que Smalley escribió:
"La evolución se ha estado tratado con un golpe mortal. Después de leer Orígenes de la Vida, con mis conocimientos de química y física, es claro que la evolución no pudo haber ocurrido. 
El nuevo libro, ¿Quién era Adán?, es la bala de plata que da muerte al modelo evolutivo." (Smalley 2005a; citado también en ChristianPost, 2005)
Es por ésto que, en la última parte de su vida, Smalley llegó al convencimiento de la veracidad revelada por Dios. Smalley se volvió un cristiano creacionista de tierra antigua:
Recientemente he vuelto a la iglesia regularmente con un nuevo enfoque para entender lo mejor que pueda lo que hace que el cristianismo sea tan vital y poderoso en las vidas de miles de millones de personas hoy en día, a pesar de que han pasado casi 2,000 años desde la muerte y resurrección de Cristo.
Aunque sospecho que nunca voy a entender plenamente, ahora creo que la respuesta es muy simple: es verdad. Dios sí creó el universo hace unos  13.7 billones de años, y por necesidad, se ha involucrado Él mismo con Su creación desde entonces. 
El propósito de este universo es algo que sólo Dios sabe a ciencia cierta, pero es cada vez más claro para la ciencia moderna que el universo fue exquisitamente ajustado para hacer posible la vida humana. De alguna manera nosotros estamos implicados críticamente en Su propósito. Nuestro trabajo consiste en percibir ese propósito lo mejor que podamos, amarnos los unos a los otros, y servirlo a Él para conseguir que ese trabajo sea hecho.(Smalley, Mayo de 2005, en su carta enviada al Hope College (2005) Alumni Banquet donde se le otorgó un premio a ex alumnos distinguidos. Su estado de salud le impidió asistir al evento personalmente.) 

Christian B. Anfinsen: "Dios explica nuestra existencia"

Christian Boehmer Anfinsen (1916–1995) fue un bioquímico estadounidense de descendencia noruega, cuyas principales aportaciones incluyen estudios sobre la enzima ribonucleasa y un postulado conocido como el "dogma de Anfinsen" en la biología molecular

Sus estudios sobre la ribonucleasa concernían la conexión entre la secuencia de aminoácidos y su conformación biológicamente activa. Más tarde dio a conocer la hipótesis termodinámica, la cuál enuncia que en las pequeñas proteínas globulares, la estructura se determina sólo por la secuencia de aminoácidos de la proteína.

Siendo graduado de la Universidad de Pennsylvania, en 1939 se unió a la Fundación Americana-Escandinava, y en 1943 terminó un Doctorado en la Unidad Médica de la Universidad de Harvard, donde más tarde sería profesor de bioquímica, entre otros institutos.
Enzima humana, por WillowW

En 1972 fue galardonado con el Premio Nobel de la Química por su trabajo sobre ribonucleasa, especialmente enfocado a la relación entre la secuencia de aminoácidos y la conformación biológicamente activa." 

En una ocasión se le preguntó al bioquímico: "Muchos científicos prominentes - incluyendo Einstein y Planck - han considerado el concepto de Dios muy seriamente. ¿Cuáles son sus pensamientos sobre el concepto de Dios y de la existencia de Dios?." Anfinsen respondió:
"Creo que sólo un idiota puede ser ateo. Debemos reconocer que existe un poder incomprensible o fuerza con la previsión y conocimiento ilimitado que inició el universo entero en primer lugar." (Anfinsen, citado en Margenau y Varghese, 'Cosmos, Bios, Theos", 1997, 139) .
El Profesor Anfinsen también escribió lo siguiente para la compilación de la antología científica 'Cosmos, Bios, Theos' (1997):
“Adjunto una cita favorita de Einstein que está de acuerdo casi por completo con mi propio punto de vista. El mismo Einstein dijo una vez que La más bella y profunda emoción que podemos experimentar es la sensación de lo místico. Es la sembradora de toda ciencia verdadera. Aquél a quien esta emoción le resulta extraña, que ya no puede encontrarte extasiado con asombro, es como si estuviera muerto.' Esa convicción profundamente emocional de la presencia de un Poder Racional superior que es revelado en el incomprensible universo, forma mi idea de Dios’.” (Anfinsen, as cited in Margenau and Varghese, ‘Cosmos, Bios, Theos’, 1997, p. 140)
De acuerdo con su esposa,  Libby Anfinsen, a Christian le gustaba tanto dicha cita que llegó a repartir copias de ella a sus conocidos. (Libby Anfinsen, 1995).

En su carta de 28 de marzo 1989 al Prof. Henry Margenau (compilador de la antología científica 'Cosmos, Bios, Theos'), Anfinsen escribió:
Gracias por su carta del 13 de marzo y sus amables palabras sobre mi pequeña contribución a su antología. Puedo pensar en algo más que añadir a mi último punto que tiene que ver con la naturaleza de Dios y la existencia de Dios: Claramente, una entidad omnipotente, omnisciente, debe existir para explicar nuestra existencia.” (Anfinsen 1989)

lunes, 29 de julio de 2013

Ronald Ross: "Ante Tus pies yo caigo Señor,"

Sir Ronald Ross (1857-1932) fue un médico británico, originario de la India. Fue profesor de Medicina Tropical en la Universidad de Liverpool (1902-1912) y Vicepresidente de la Royal Society en el Reino Unido (1911-1913).

Es famoso por haber descubierto que la malaria se transmite por medio de los mosquitos. Con esto, Ross sentó las bases para la lucha en contra de la enfermedad, que hoy en día puede curarse si el diagnóstico es adecuado y se tiene un tratamiento inmediato. 
Ross hizo muchas contribuciones sobre los métodos de estudio y evaluación de la malaria, y desarrollo modelos matemáticos para el estudio de su epidemiología.

Por sus esfuerzos y aportaciones, fue galardonado con el Premio Nobel de la Fisiología y Medicina, en 1902.

Mas tarde, estableció una tarea de la prevención en diferentes países, y llevó a cabo estudios y programas en muchos lugares, incluso en África occidental, la zona del Canal de Suez, Grecia, Mauricio, Chipre, y en las zonas afectadas por la Primera Guerra Mundial. También inició organizaciones bien establecidas para la prevención de la malaria en las industrias de plantación de la India y Ceilán. [1]

Antes de su descubrimiento se creía que la malaria era causada por el aire contaminado, la podredumbre, o el material sucio (de ahí el nombre de la enfermedad: mala aria = "mal aire"), sin embargo, dicha creencia estaba fundada en la idea de la generación espontánea, la cuál ya había sido descartada por los científicos creacionistas William HarveyFrancisco Redi, John RayLouis Pasteur, y por su puesto, Ross mismo.

El descubrimiento y su agradecimiento a Dios

Ronald Ross era un joven médico en un Hospital de la India cuando decidió dedicarse a encontrar el portador del parásito de la malaria, a finales del siglo XIX. Entre los años de 1882 y 1899, estuvo trabajando en el Hospital General Presidencial, en Calcuta, para tomar muestras de mosquitos (los sospechosos), y examinarlas para dar con el tipo de mosquito portador del parásito.

Finalmente, el 20 de agosto de 1897 halló el parásito en los tejidos del estómago del mosquito "Anopheles". Ross era muy consciente de lo mucho que esto podría ayudar a salvar la vida de millones de personas en el futuro, y del hito histórico que esto representaba, por lo cuál, escribió esa misma tarde: 

“Este día cediendo Dios
Ha puesto en mi mano
Una cosa maravillosa; y Dios
Sea alabado. A su mando.
Buscando Sus obras secretas.

Con lágrimas y aliento cansado
Te encuentro astuta semilla
O Muerte asesina de millones
Se que esta cosa pequeñita
Una mirada al hombre salvará
O Muerte, ¿dónde está tu aguijón?
Tu victoria, O Sepulcro?
(Ronald Ross, In Exile, Memoirs, London, John Murray, 1923, 226).

Dos días después, Ronald envió este fragmento a su esposa añadiendo versos que alababan al Señor por el descubrimiento científico (se sabe que Ross era un hombre de fe cristiana, se dice que de denominación anglicana). Los versos leían:

“Ante Tus pies yo caigo
Señor, que hizo alto mi destino
;
Porque en mi enorme pequeñez
Tu me mostraste el gran poder
En adelante voy a resonar
Sólo alabanzas a Ti
Aunque fui golpeado y limitado
Tú me diste victoria.”
(Ronald Ross, citado en the Dictionary of Scientific Biography,

1975, vol. XI, p. 557, NY: Charles Scribner’s Sons).

George Wald: "Creación o generación espontánea, no hay una tercera opción."

George Wald (1906-1997) fue un científico estadounidense conocido por sus trabajos con pigmentos en la retina. En 1967 recibió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología que reconocía su labor sobre la bioquímica de la visión. 

Wald es un ejemplo de un científico ateo que en base a la evidencia científica, llegó a señalar la irracionalidad del propio el evolucionismo a la hora de explicar el origen de la vida.

Hacia el año de 1864, Louis Pasteur refutaba de forma definitiva la superstición pseudocientífica de la generación espontánea, y en cambio planteó La Ley de Biogénesis, que estipula que "todo ser vivo proviene de otro ser vivo pre-existente."

George Wald seguía aferrado en su negación de la verdad eterna de que debía haber un Creador (a pesar de que era científico y sabía que las evidencias indicaban otra cosa). En 1954, siendo aún un ateo acérrimo, George Wald escribió en Scientific American:
La opinión arreglada era creer en la generación espontánea; la única alternativa era creer en un solo hecho principal de la creación sobrenatural. No hay una tercera posición.  
La mayoría de los biólogos modernos, habiendo examinado con satisfacción la caída de la hipótesis de la generación espontánea, pero aun estando indispuestos a aceptar la creencia alternativa de la creación especial, se quedan sin nada... 
Cuando se trata del origen de la vida sólo hay dos posibilidades: Creación o generación espontánea. No hay una tercera opción. 
La generación espontánea fue refutada hace cien años, pero eso sólo nos lleva a una sola conclusión diferente: la de la creación sobrenatural. 
No podemos aceptar eso por razones filosóficas, por lo tanto, escogemos creer lo imposible: ¡que la vida surgió espontáneamente por casualidad!!” (George Wald, 1954, “The Origin of Life,” Scientific American, 191 [2]: 45-46; 48).
Cuatro años después, Wald repetía su argumento. De forma insensata, rechazaba la "única conclusión posible" (Dios) y aceptaba lo que es "científicamente imposible", porque no quería aceptar la creencia en Dios:
"La generación espontánea, [la idea de] que la vida surgió de la materia inerte, fue algo refutado científicamente, hace 120 años, por Louis Pasteur y otros. Eso nos deja con la única conclusión posible d que la vida surgió como un acto creativo sobrenatural de Dios.  
No aceptaré eso filosóficamente, porque no quiero creer en Dios; por lo tanto, elijo creer en lo que yo sé es científicamente imposible; la generación espontánea que como algo surgido de la evolución". (Wald, George, "Innovation and Biology", Scientific American, Vol. 199, septiembre 1958, p. 100)

Este es el ejemplo perfecto de que el evolucionismo ateísta no busca la verdad en la ciencia, porque si lo hiciera, sería guiado a Dios, como ocurrió con Bacon, Kelvin, Heisenberg, y otros.

Sin embargo, después de un gran periodo de negación, Wald se vio obligado a modificar un poco de opinión, aunque siguiendo con la incertidumbre y rechazando la existencia de Dios, prefirió optar por una especie de misticismo materialista, para nada sensato.

Durante la década de 1980, en su artículo "La Vida y Mente en el Universo" (1984), y en su discurso ante el Primer Congreso Mundial para la Síntesis de Ciencia y Religión (1986) celebrada en Bombay, George Wald señaló:  
“Llego al fin de mi vida como científico enfrentando dos grandes problemas. Ambos están arraigados en la ciencia, y me aproximo a ellos sólo como científico. Sin embargo, creo que ambos están irrevocablemente - por siempre - inasimilables como ciencia, y eso es duramente extraño ya que uno implica la cosmología, el otro [el origen de] la consciencia.
1) El problema de la conciencia era difícil de evitar por alguien que ha pasado la mayor parte de su vida estudiando los mecanismos de la visión. Hemos aprendido mucho, esperamos aprender mucho más, pero nada de eso trata, o ni si quiera apunta, por más que tentativamente, el sentido de lo que significa ver. 
Nuestras observaciones en el ojo humano y el sistema nervioso y en aquellos de las ranas son básicamente parecidas. Yo sé que yo veo, pero ¿una rana ve? Reacciona a la luz, también lo hacen las cámaras, las puertas de garaje, cualquier número de dispositivos fotoeléctricos. Pero, ¿ve? ¿Es consciente de que está reaccionando?   
No hay nada que puedo hacer como un científico para contestar a esa pregunta, no hay manera en que yo pueda identificar la presencia o la ausencia de conciencia. Creo que la conciencia es una condición permanente que involucra a todas las sensaciones y a la percepción. La conciencia me parece ser completamente impenetrable para la ciencia. 
2) El segundo problema está relacionado con las propiedades especiales de nuestro universo. La vida parece crecientemente formar parte del orden de la naturaleza. Tenemos sobradas razones para creer que nos encontramos en un universo permeado por vida, en el que la vida surge inevitablemente, con el tiempo suficiente, cuando sea que dan las condiciones que la hacen posible. Sin embargo, si algún número de las propiedades físicas de nuestro universo fueran algunas de ellas básicas, otras aparentemente triviales, casi accidentales - esa vida, que ahora parece ser tan frecuente, sería imposible, aquí o en cualquier lugar. No hace falta mucha imaginación para concebir otros universos posibles, cada una estable y viable en sí mismo, pero sin vida. ¿Cómo es que, con tantas otras opciones aparentes, estamos en un universo que posee justo ese peculiar vínculo de propiedades que engendra vida? 
Se me ha ocurrido últimamente - debo confesar con algo de conmoción a mis primeras susceptibilidades científicas - que ambas cuestiones pueden ser provocadas en cierto grado de congruencia. Esto es con la asunción de que [una] mente... ha existido siempre como la matriz, la fuente y la que pone condiciones para la realidad física - que el material del que se compone la realidad física es materia-mental. Es [una] mente la que ha compuesto un universo que engendra la vida. (George Wald, 1984, “Life and Mind in the Universe”, International Journal of Quantum Chemistry: Quantum Biology Symposium 11, 1984: 1-15)
Con lo expuesto es imposible no dejar de señalar las incongruencias de la teoría del big bang, el evolucionismo, el cientifismo, el materialismo, y - en resúmen - del ateísmo:
La creencia de que en el principio no había nada, y la nada se contraía, hasta que, sin ninguna causa, la nada explotó y algo se formó organizadamente en exactísimos sistemas y planetas acomodados perfectamente, con nada de vida. Y luego (accidentalmente) en la generación espontánea se formó la vida y las bacterias fueron creciendo y creciendo, y se transformaron en otros seres complejamente formados que se re-organizaron hasta la auto-replicación de complejísimas formas de vida que se volvieron seres auto-conscientes,de los cuáles, muchos creen en Dios.
En contraste a los problemas que señala George Wald, el también Premio Nobel (de Física), Arthur H. Compton declaró:
"A medida que aprendemos más acerca de nuestro mundo, la probabilidad de éste de haber resultado procesos aleatorios se hace cada vez más y más remota, por lo cuál muy pocos de los que verdaderamente son hombres de ciencia hoy en día defenderán una actitud atea." (Compton 1935, p. 73)
«....es indiscutible que donde hay un plan, hay inteligencia - un universo ordenado, y desarrollado testifica la verdad de la declaración más majestuosa jamás pronunciada: 'En el principio, Dios...' » (Compton 1936).

Joseph Murray: "Ciencia y Religión provienen de la misma fuente"

Joseph E. Murray (1919-2012) fue un cirujano estadounidense famoso por realizar haber realizado el primer trasplante humano exitoso. Murray, junto con un equipo de médicos que incluían a J. Hartwell Harrison y John P. Merrill, lograron transplantar un riñón exitosamente en los gemelos Ronald y Richard Herrick, el 23 de diciembre de 1954, en el Hospital Brigham.

En 1990 se le galardonó con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina porque, en las palabras de la Fundación Nobel, su trabajo "provó a un mundo incrédulo que era posible trasplantar órganos para salvar las vidas de pacientes moribundos.” 

Murray, egresado de la Unidad Médica de la Universidad de Harvard, también se dedicó a la cirugía reconstructiva y plástica en el Children’s Hospital Medical Center, Boston, y hoy en día es recordado como uno de los fundadores de la ciencia de la trasplantología moderna.

Fue director regional de la Sociedad Americana del Cáncer y de la Diabetes Americana en Nueva York por más de 40 años y se retiró en 1989 . 

En una entrevista durante el 1-7 de diciembre de 1996, el Profesor Joseph Murray afirmó que no hay conflicto real entre la religión y la ciencia:
En mi propio núcleo religioso, jamás he tenido un conflicto entre mi educación religiosa y mi ciencia.” (Murray, citado en Meyer 1996).
"Una es la verdad revelada, la otra es la verdad científica. Si tú realmente crees que la creación es buena, no puede haber nada de dañino en estudiar ciencia. Cuanto más aprendemos acerca de la creación... sólo se adjunta a la gloria de Dios. Personalmente, nunca he visto un conflicto." (Murray, como se cita en Meyer 1996).
Al igual que la verdad espiritual, para Murray, la verdadera ciencia es aquella que proviene de Dios:
Estamos trabajando sólo con las herramientas que Dios nos dio. No hay razón para que la ciencia y la religión tengan que operar en una relación conflictiva. Ambas vienen de la misma fuente, la única fuente de la verdad: el Creador.” (Murray, citado en Meyer 1996).
En una entrevista con The Associated Press en 2004, Joseph señaló que algunas personas opinaban desfavorablemente sobre los trasplantes médicos:
[Algunas personas] "sentían que estábamos jugando a ser Dios y que no deberíamos estar haciendo todos estos, cito, experimentos en los seres humanos."  
Sin embargo, eran precisamente los motivos éticos los que llevaron a Murray a intentar los trasplantes. Una noche antes de realizar aquel trasplante pionero de 1954, Joseph Murray junto con su familia (su esposa y algunos de sus hijos) se arrodillaron y oraron para que todo saliera bien.[1]

En su artículo "Murray: Cirujano con alma", John Lenger escribió:
Para Murray, la responsabilidad de un médico es tratar a cada paciente no sólo como un conjunto de síntomas, sino como alguien con un espíritu que puede ayudarse a través de procedimientos médicos. El título de su autobiografía, Surgery of the Soul (Boston Medical Library, 2001), se deriva del enfoque de Murray basado en la espiritualidad. A pesar de que en el pasado ha titubeado de hablar públicamente sobre su fe, por miedo a ser agrupado con la multitud tele-evangelista, Murray es profundamente religioso. 
"El trabajo es una oración," dijo, "y yo comienzo cada mañana dedicándolo a nuestro Creador. Cada día es una oración - Lo creo, y lo creo con mucha fuerza.’ ” (Murray, Harvard University Gazette, 04 de octubre 2001, citado en Lenger 2001).
Creo que lo más importante es darse cuenta de lo poco que sabemos acerca de cualquier cosa - de cómo las flores se despliegan, de cómo migran las mariposas. Tenemos que huir de la arrogancia de las personas en ambos lados del grupo de ciencia-religión, quienes sienten que tienen todas las respuestas. Tenemos que esforzarnos por utilizar nuestro intelecto con humildad.” (Murray, citado en Meyer 1996).
Fuentes externas:

John Eccles: "Somos una creación divina, hay evidencia"

Sir John Eccles (1903–1997) era un neurofisiólogo australiano conocido por describir el funcionamiento de la sinapsis. Sus aportaciones lo llevaron a ser galardonado con el Premio Nobel de la Medicina y Fisiología en 1964, por haber encontrado la relación entre la inhibición de las células nerviosas y la repolarización de la membrana de una célula. 

Otras contribuciones significativas de John Eccles fueron principalmente en el área de la investigación acerca del cerebro. Eccles es de hecho recordado como uno de los neurofisiólogos más prominentes del siglo XX, y considerado uno de los fundadores de la electrofisiología moderna.

Se graduó en 1929 en la Universidad de Oxford, donde más tarde sería profesor, además de ejercer en la Universidad Nacional Australiana (en Canberra) y la Universidad del Estado de Nueva York, y otras.

En su artículo "La biología moderna y el giro a la creencia en Dios" que escribió para el libro, "Los intelectuales hablan sobre Dios: Un Manual para el Estudiante Cristiano en una Sociedad Secular" (1984), John Eccles llegó a la siguiente conclusión:
"La ciencia y la religión se parecen muchísimo Ambas son aspectos creativos de la mente humana. El conflicto aparente es resultado de la ignorancia. 
Venimos a existir a través del acto divino. Esa guía divina es un tema desde el principio hasta el fin de nuestra vida, en nuestra muerte el cerebro se va, pero que la orientación y el amor divino continúa. Cada uno de nosotros es un ser único, consciente, una creación divina; es el punto de vista religioso; es el único punto de vista consistente con toda la evidencia." (Eccles, 1984, “Modern Biology and the Turn to Belief in God” The Intellectuals Speak Out About God: A Handbook for the Christian Student in a Secular Society, p. 50)
En una entrevista publicada en la antología científica, The Voice of Genius (1995), el profesor Eccles manifestó:
"Hay un misterio fundamental de mi existencia personal, sobrepasa las consideras biológicas del desarrollo de mi cuerpo y de mi cerebro. Esta creencia, por supuesto, mantiene el concepto religioso del alma, con su creación especial de Dios." (Eccles, citado en Brian 1995, 371).
 Si considero la realidad como la experimento, la primera experiencia que tengo es de mi propia existencia como un ser único consciente de sí mismo que yo creo que fui creado por Dios.” (Eccles, citado en Margenau y Varghese 1997, 161).
En 'El misterio humano', Eccles escribió:
"Creo que hay una Providencia Divina operando en y por encima de los acontecimientos materialistas." (Eccles 1979, The Human Mystery, 235).
En su libro "Cómo un mismo controla su cerebro", Eccles se tornó extremadamente crítico hacia el materialista, calificándolo como una superstición destructiva:
"Observo que esta teoría no tiene fundamento. Cuanto más descubrimos científicamente acerca del cerebro, más claramente distinguimos entre los eventos cerebrales y los fenómenos mentales y más maravillosos se vuelven los fenómenos mentales. 

El 'materialismo promisorio' es simplemente una superstición mantenida por materialistas dogmáticos." (Eccles 1994, How the Self Controls Its Brain, Berlin: Springer-Verlag).
“Sostengo que el misterio humano es increíblemente degradado por el reduccionismo científico, con su pretensión en el materialismo promisorio para considerar todo lo del mundo espiritual en términos de patrones de actividad neuronal. Dicha creencia debe ser calificada como una superstición. 

Tenemos que reconocer que somos seres espirituales con almas existentes en un mundo espiritual, así como seres materiales con cuerpos y cerebros que existen en un mundo material.” (Eccles, 1991, Evolution of the Brain: Creation of the Self, London: Routledge, 241).
Repudio las filosofías y los sistemas políticos que identifican a los seres humanos como meros objetos de una existencia material de valor sólo como engranajes de la gran máquina burocrática del Estado, que así se convierte así en un estado esclavista. Las esclavitudes terribles y cínicas representados en Orwell '1984 ' están hundiendo más y más a nuestro planeta. ¿Aun hay tiempo para reconstruir la filosofía y la religión que nos puede dar una fe renovada en esta gran aventura espiritual, que para cada uno de nosotros es una vida humana vivida en la libertad y en la dignidad?” (Eccles 1979, 237).
Eccles mostró un fuerte rechazo al cientifismo; él sabía muy bien que la ciencia no se hace por consenso, y expresó su lamento de que las personas no cuestionaran las suposiciones científicas modernas que se han difundido ciegamente:
"Ha habido una deplorable tendencia de muchos científicos de afirmar que la ciencia es tan poderosa y omnipresente que en un futuro no muy lejano se proporcionará una explicación en principio de todos los fenómenos del mundo de la naturaleza, incluido el hombre, incluso de la conciencia humana en todas sus manifestaciones. 
En nuestro reciente libro (The Self and Its Brain, Popper & Eccles, 1977) [Karl] Popper ha llamado a esta pretensión como 'materialismo promisorio', que es exagerado e irrealizable. Sin embargo, debido a la alta consideración que se tiene por la ciencia, tiene un gran poder de persuasión con los laicos inteligentes, porque es defendida sin pensarlo por la gran mayoría de científicos que no han evaluado críticamente los peligros de esta afirmación falsa y arrogante. (Eccles 1979, p . I).
En su libro "El misterio humano", Sir John Eccles criticó a la teoría de la evolución: 
"El increíble éxito de la teoría de la evolución se ha protegido de la evaluación crítica significativa en los últimos tiempos, sin embargo, falla en un aspecto de lo más importante: no puede explicar la existencia de cada uno de nosotros como seres únicos, auto-conscientes.” (Eccles 1979, 96).
En su artículo "Los científicos en búsqueda del almael escritor de la ciencia John Gliedman señaló la forma en que Eccles negaba las hipótesis teóricas de que las emociones y la consciencia se ubicaran en nuestro cerebro:
Eccles defiende enérgicamente la antigua creencia religiosa que los seres humanos se componen de un compuesto misterioso del cuerpo físico y de un espíritu intangible. Cada uno de nosotros encarna un pensamiento no material y la auto-percepción de que "entró" en nuestro cerebro físico en algún momento durante el desarrollo embrionario o la primera infancia, dice el hombre que ayudó a sentar los pilares de la neurofisiología moderna 

Este "espíritu en la máquina" es responsable de todo lo que nos hace claramente humanos: la auto-conciencia, el libre albedrío, la identidad personal, la creatividad e incluso las emociones como el amor, el miedo o el odio. Nuestro ser no material controla su "coordinación cerebral" de la forma en que un conductor conduce un coche o un programador dirige un equipo. 

La prescencia espiritual del hombre, dice Eccles, ejerce sólo el susurro de una influencia física en el cerebro-tipo-computadora, lo suficiente para incitar a algunas neuronas a quemarse y a otros a permanecer silenciosas. Proponiendo audazmente lo que para la mayoría de los científicos es la más grande herejía de todas, Eccles también afirma que nuestro ser inmaterial sobrevive a la muerte del cerebro físico.” (Gliedman 1982, “Scientists in Search of the Soul”, Science Digest, 77).
John Eccles escribió explícitamente y en más de una ocasión: 
Me veo obligado a atribuir la exclusividad del Ser o el Alma a una creación espiritual sobrenatural. Para dar la explicación en términos teológicos: cada Alma es una nueva creación Divina, que se implanta en el feto en crecimiento en algún momento entre la concepción y el nacimiento" (Eccles 1991, 237).
Puesto que las soluciones materialistas no tienen en cuenta nuestra unicidad experimentada, me veo obligado a atribuir la unicidad al ser o alma a una creación espiritual sobrenatural. 
Esta conclusión es de inestimable importancia teológica. Refuerza fuertemente nuestra creencia en el alma humana y en su origen milagroso en una creación divina.” (Eccles 1994, 168).
El profesor de Eccles, Charles Sherrington, quien fuera ganador del premio Nobel en neurofisiología, también sostenía que nuestra mente es no-material y fundamentalmente diferente a nuestro cuerpo físico. Sherrington afirmó la existencia de la Deidad Omnipotente y la Religión Natural. (Véase Charles Sherrington, Man on His Nature. The Gifford Lectures in Natural TheologyCambridge University Press, 1975, 59 y 293).

John Eccles habló de lo importante que era tener gratitud a Dios por la vida y cultivar los valores morales:
Con el propósito consciente de sí mismo una persona tiene un gran reto de elegir que vida se tiene que vivir. Uno puede optar por vivir dedicado a los más altos valores, a la verdad, al amor y a la belleza, con gratitud por el don Divino de la vida, con sus maravillosas oportunidades de participar en la cultura humana. Uno puede hacer esto de acuerdo con las oportunidades. Por ejemplo, uno de los mayores logros es la creación de la vida de la familia humana en una relación amorosa.  

A mí me educaron religiosamente en esas condiciones maravillosas, por lo que puedo estar eternamente agradecido. Hay grandes oportunidades en una vida dedicada a la educación o la ciencia o al arte o para el cuidado de los enfermos. Uno siempre debería tratar de estar en una relación amorosa sus semejantes.  

Todos todos somos seres prójimos viviendo misteriosamente en esta maravillosa nave espacial [llamada] planeta Tierra que debemos querela devotamente, pero no adorarla. (Eccles, citado en Templeton 1994, 131).
En concordancia con Deuteronomio 4:19 y Romanos 1:25, Eccles señaló que no debíamos adorar a la naturaleza, y que no debíamos exhaltarla por sobre la necesidad de principios morales. En su carta a Erika Erdmann, el 19 de diciembre de 1990, Eccles escribió:
Hablas de la protección de nuestra tierra como si fuera el objetivo más urgente en la actualidad. No estoy de acuerdo. Se trata de salvar a la humanidad de la degradación materialista; se presenta en los medios de comunicación, en la sociedad de consumo, en la predominante búsqueda de poder y dinero, en la degradación de nuestros valores (que solían estar basados en el amor, la verdad y la belleza), y en la desintegración de la familia humana.” (Eccles 1990).
 “Yo sí creo que somos el producto de la creatividad de lo que llamamos Dios. Tengo esperanza de que esta vida conducirá a una existencia futura donde mi yo o alma tendré otra existencia, con otro cerebro, u ordenador, si quieres. No sé cómo llegué a esto, es bastante bueno, y estoy agradecido por ello, pero sé como un realista que va a desaparecer; pero creo que mi yo consciente o alma será recibida.” (Eccles, citado en Gilling and Brightwell, The Human Brain, 1982, 180).
Podemos considerar a la muerte del cuerpo y del cerebro como la disolución de nuestra existencia dual. Con suerte, el alma liberada encontrará otro futuro de significado aún más profundo y de más experiencias fascinantes, quizás en alguna existencia renovada conforme a la enseñanza cristiana tradicional.” (Eccles 1991, 242).
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